La inversión de publicidad gubernamental intenta limitar la libertad de expresión

1 enero, 2006 § Deja un comentario

Con la firma de “convenios de publicidad” parece que se firman pactos de silencio

José Lupe González

 Hay una fuerte resistencia de las administraciones para hacer públicos sus gastos de publicidad porque eso “exhibiría que ni todos son coludos, ni todos son rabones. Exhibiría las preferencias por X o Y  medio, que tú y yo sabemos que existen, y además, enfrentaría a las administraciones con la ciudadanía que lógicamente podría conocer la diferencia de ‘inversión’ en el rubro de Comunicación Social en contraste, por ejemplo con el de Cultura, o con el de Deporte”, manifiesta Nancy Azpilcueta, directora de la revista y del servicio informativo por internet Razones de Ser.

Sostiene que aunque los medios buscan la publicidad oficial que les garantiza ingresos seguros, estables, y en la mayoría de los casos son cantidades de buen volumen; la publicidad en este caso no limita la libertad de expresión “si se es congruente con el principio de que una cosa es el legítimo derecho de cualquier medio a recibir un pago, cualquiera que sea el monto, por la difusión de actividades oficiales, y otra muy distinta el manejo de la información y la línea editorial del medio, que considero deben caminar por vías paralelas, no debe limitar la libertad de expresión.

“Sin embargo, creo que son los mismos dueños de medios quienes se autocensuran la mayoría de las veces, porque es mucho más cómodo participar del juego de estira y afloja, es decir: presiono con la información, ejerciendo una ficticia libertad de expresión, para que el monto se incremente, y cuando esto sucede, simplemente se olvidan de la libertad de expresión.”

“Pero también hay que decir que cuando un medio ejerce su derecho a publicar las caras ocultas y actos de corrupción de cualquier entidad oficial, muchas veces el director del mismo sabe que jamás contará entre sus clientes publicitarios a esa entidad oficial. Es un juego coercitivo muy perverso.”

–¿Mediante la contratación de publicidad los gobiernos, ya sean municipales o estatales, buscan limitar la libertad de expresión?, ¿buscan limitar el escrutinio periodístico hacia el desempeño de la administración pública?

–Si nos ceñimos al refrán popular que reza “piensa mal y acertarás”, puede decirse que lo intentan, y en la mayoría de las ocasiones lo logran, por la misma razón que explicaba en tu anterior pregunta: la autocensura y la autoentrega; porque de hecho, cuando como medio logras firmar convenios publicitarios con gobiernos y organismos oficiales, los titulares de comunicación dan por hecho que firmaste una especie de pacto de silencio, pero cuando en los hechos publicas por igual la información inconveniente, creen tener el derecho de “regañarte” porque lo hiciste; y sigue dándose el juego perverso, y hasta llegan a decirte que en tu publicación hay dolo o intereses económicos.

“Yo creo que hay que terminar con el juego dejándoles bien claro, a la hora de negociar esos convenios, que una cosa es la difusión de actos y beneficios oficiales, y otra muy diferente son la opinión, el análisis y el escrutinio crítico de la administración pública, y que una cosa no se contrapone con la otra, porque además, los recursos con que se paga a los medios no le pertenecen al gobierno, sino a la sociedad”.

–Aunque se menciona que se ha ido avanzando en desaparecer la autocensura, ¿la contratación de publicidad oficial cómo influye en la postura de los medios ante el desempeño de las administraciones públicas, por las fuertes cantidades que se facturan por ese concepto?

–Bueno, no creo para nada que haya desaparecido la autocensura, como te comentaba antes. Creo que juega en todo ello una especie de cargo de conciencia, de remordimiento de quien dicta la línea editorial de cada medio informativo, porque además, las ganancias económicas por publicidad son jugosas, sobre todo para los llamados medios “grandes” o “fuertes”, pero también hay otras prebendas y canonjías en juego.

“En lo personal soy creyente de que la objetividad periodística es una falacia, porque en periodismo hablamos de Sujetos (subjetivo) no de objetos inanimados (objetivo), entonces esos medios utilizan el discurso de la objetividad e imparcialidad para justificar el juego del estira y afloja… ‘estiro cuando quiero que me aumenten el monto y los beneficios; aflojo cuando lo hacen’, es un círculo vicioso, y la gente cada vez se está dando cuenta con más facilidad de que eso es una práctica común, y lamentablemente, de ahí viene otro estigma para los medios: Prensa vendida”.

–¿Sin necesidad de que los ciudadanos recurran a las diferentes leyes o reglamentos de Acceso a la Información, las administraciones deberían hacer públicos sus gastos en publicidad?, ¿Deberían especificar nombres de los medios y cantidades que se gasta en cada uno de ellos?

–Por supuesto, porque esta información le pertenece a la ciudadanía que con sus impuestos genera los recursos para todas las obras y acciones de gobierno que son utilizadas para el lucimiento de las administraciones públicas. Es como cuando le pides a un funcionario su número de teléfono celular, pagado por el erario público, y te lo niega ¿Por qué? Si tú, como ciudadano lo pagas con tus impuestos, si tú eres a fin de cuentas el patrón de los funcionarios públicos, y ellos se atribuyen un derecho como si se tratara de la prestación de una empresa privada, o algo muy privado e individual.

“Sería muy sano que se hicieran públicos los montos y nombres de todos los beneficiarios de convenios y pagos publicitarios; que así como existe la página oficial de Compranet se creara algo similar, pero para medios de comunicación”.

–¿Por qué hay una fuerte resistencia de las administraciones para hacer públicos sus gastos de publicidad?

–Porque esto exhibiría que ni todos son coludos, ni todos son rabones. Exhibiría las preferencias por “X” o “Y” medio –que tú y yo sabemos que existen- y además, enfrentaría a las administraciones con la ciudadanía que lógicamente podría conocer la diferencia de “inversión” en el rubro de Comunicación Social en contraste, por ejemplo con el de Cultura, o con el de Deporte. Lamentablemente ni soñar que haya un gobierno que sea tan valiente que lo ponga en práctica.

–Las administraciones de Gómez Palacio, de Torreón, del gobierno de Coahuila y de la paramunicipal SIMAS, manifiestan que los criterios utilizados para contratar publicidad en los medios son: tiraje, audiencia, circulación, cobertura periodística, y otros más; la falta de algunos otros lineamientos claros, específicos y concretos y la ausencia de la aplicación de los que dicen utilizar, ¿se vuelve un factor que influye para que las administraciones no den a conocer sus gastos publicitarios o la negativa se vuelve sólo cuestión de la cantidad que se gasta?

–Como pretextos, son buenos los planteamientos, sólo que están pensados para una tienda departamental o para un antro de moda, o una mueblería… A mi criterio este es un concepto equivocado, porque si homologaran los gastos de publicidad a todos los medios, sin importar si una difusora tiene más presencia que la otra; o que un periódico es más leído que otro, los medios informativos podrían tener también más solidez y seriedad, por tanto más lectores, y por tanto la información oficial llegaría a más lectores. Pero el de los medios, lamentablemente también es un mercado donde se cotizan preferencias oficiales.

Creo que más bien obedece a la necesidad de ocultar cuáles son los medios “aliados”, y volvemos a esa especie de franco contubernio, porque a los medios “fuertes” como las televisoras, exceptuando en el caso de la región el Canal 2 local, los diarios El Siglo y La Opinión-Milenio y las difusoras como GREM y OIR, por citar algunos, no les interesa saber ni dar a conocer cuánto se gasta en el rubro de prensa. ¿Para qué tirarle patadas al pesebre?

“Yo podría revertir los argumentos, modestia aparte, con nuestra Revista electrónica www.razonesdeser.com que por edición –cada tercer día-  tiene un promedio de 3000 visitas; es decir, podríamos competir con cualquier periódico local, y sin embargo debido a nuestra línea editorial, considerada como ‘dura’, muchas entidades oficiales, como el gobierno de Coahuila en el pasado sexenio de Enrique Martínez y Martínez, el ayuntamiento de Gómez Palacio y algunos otros organismos oficiales, se negaron a establecer pautas publicitarias sin siquiera ofrecer argumentos, pero no hacían falta, a veces el silencio lo dice todo”.

Nancy Azpilcueta niega que el dar a conocer los gastos de publicidad, despierte temor de que los medios de comunicación empiecen criticar sin sustento a las administraciones. No me parece del todo. Más bien supongo que despierta el temor, como ya te decía, de que se desate una guerra de medios y de todos contra todos, que terminaría en la exhibición de muchas irregularidades y de muchas corruptelas que se hacen en lo oscurito, al descubrirse las marcadas diferencias en las cantidades.  Tampoco hay que descartar cómo se pueden negociar las informaciones privilegiadas, las filtraciones de información ‘espinosa’ que, a manera de extorsión, se obtiene en ocasiones de Medio a entidad gubernamental. El silencio también tiene su precio”.

–Por el contrario, un buen acuerdo publicitario ¿influye para que los medios difundan lo que Ernesto Villanueva denomina “gacetillas”, es decir, “publicidad y/o propaganda que aparece como información”?, porque no es difícil advertir que los medios regionales ya sean escritos o electrónicos, difunden desde boletines de prensa o entrevistas pagadas, como si fuera información que el medio obtuvo y difunde por su cuenta. Eso se puede ver por ejemplo con Televisión Azteca, con el enlace que se hace o se hacia de la dirección de Comunicación Social de Torreón durante la transmisión del noticiero, así como el reporte de noticias del gobierno de Coahuila y no se le aclaraba a la audiencia que son segmentos pagados.

–En este punto te puedo decir que sí, pero aclaro que no tiene nada de “turbio” la publicación o difusión de boletines, porque cuando existe un contrato o convenio firmado y totalmente legal, y sobre la mesa, hablando de medios gráficos, que es mi experiencia, te estipulan por escrito y tú firmas de conformidad, qué es lo que como medio ofrecerás, es decir, cobertura informativa: publicación de boletines, agenda y actividades; publicación de avisos diseñados ex profeso para el medio: como los que a veces encontramos hasta de a tres o cuatro por edición de El Siglo –por mencionar un caso-  y en algunas ocasiones, en el contrato te piden también entrevistar a los funcionarios.

“En RazonEs de SER publicamos sólo boletines y anuncios, como parte del convenio con el ayuntamiento; un convenio hecho sobre la mesa y con todas las de la Ley, pero también puedes encontrar artículos de opinión, reportajes y entrevistas que no siempre dejan bien parado a nuestro cliente.

“En el caso de las gacetillas, desde mi punto de vista, es irrelevante aclarar por escrito que la difusión es parte de un contrato, porque existe una tradición en la sociedad en cuanto que, si la información habla de las ‘bondades’ de una administración, es ‘nota pagada’; si hay crítica, entonces se interpreta que estás buscando pasarte al lado de los que publican boletines… La sociedad es madura, y ya entiende algo de los códigos no escritos de esta relación de Medios y Gobiernos.

“A lo que quiero llegar es que no debemos tampoco satanizar la difusión de información oficial, porque la realidad es clara, un medio vive de la publicidad, de los ingresos legítimos que se obtienen de cobrar por el espacio que ellos te compran. Nadie sobrevive con la circulación solamente, y menos ahora, con Internet.

“Lo cuestionable empieza cuando un medio se convierte en vocero exclusivo de su cliente, porque entonces sí, como la sociedad es madura, el medio ante ella pierde absolutamente seriedad y credibilidad. El otro asunto cuestionable es que sea el mismo medio el que se autocensure en aras de mantener su ingreso, porque insisto, la difusión publicitaria y la información, son dos cosas que deben transitar por vías paralelas y en absoluto equilibrio; ese sería el ideal, pero no todos lo logran. Estoy convencida que cada medio debería tener claro su código de ética y predicar con su ejemplo propio”.

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