Ni Froylàn ni Marín con capacidad para dirigir a Proceso: Enrique Maza*

1 noviembre, 2005 § 2 comentarios

José Lupe González

 La ruptura en proceso que termino con la salida de dos de sus más antiguos periodistas, Carlos Marín y Froylàn López Narváez, el 23 de marzo; se debió a una “lucha por el poder”, asegura uno de los fundadores: Enrique Maza en entrevista el sábado 2 de octubre en la Casa de los Sacerdotes Jesuitas, de Torreón.

Acabo así para Carlos Marín y Froylàn López Narváez, el trabajo periodístico al que se incorporaron en proceso después de la salida de Excélsior el 8 de julio de 1976.

 

La lucha por el poder

El viernes 2 de abril de 1999, Miguel ángel Granados Chapa escribió en el diario Reforma en su columna Plaza Pública que “una de las primeras fricciones al interior de proceso fue la asociación denominada ‘Reporteros en Proceso”

Enrique Maza García indica que una fricción real en Proceso, en ese momento no fue causada simplemente por los periodistas en Proceso; sino que ellos fueron la reacción de algo que a él le parece  que fue un mal manejo de autoridad. Eso evidentemente provoco una serie de reacciones. Uno no reacciona contra la autoridad cuando se maneja bien; es difícil la reacción contra la autoridad así nada más. Se maneja la reacción contra la autoridad por el abuso, eso hubo en Proceso.

Enrique Maza se hizo periodista sin dejar de ser sacerdote miembro de la Compañía de Jesús. Ordenado en 1960, a los 31 años, se preparó en una diversidad de disciplinas teológicas y humanas. Antes de escribir artículos semanales para Excélsior, ya había estudiado periodismo en la universidad de Missouri y sido reportero de la revista National Catholic  Reporter, como luego sería director del semanario Unión; señala Granados Chapa en Plaza Pública.

Maza García acepta que hubo enfrentamientos entre Carlos Marín-Froylàn contra Julio Scherer. “Los hubo. Hubo una fricción muy fuerte. La fricción pues en Proceso, honestamente la forzaron Froylàn y Marín. La causaron porque cuando nos jubilamos de Proceso Julio Scherer, Vicente Leñero y yo, dejamos a un triunvirato que dirigiera Proceso. La razón era muy obvia: Julio Scherer tenía tal cantidad de cualidades, de relaciones, de cosas que era imposible suplirlo con una sola persona. Entonces nos pareció en ese momento, decisión de la que puedo estar equivocado, no la defiendo; que un triunvirato podría gobernar a Proceso en una etapa de transición mientras se definía  alguièn que pudiera dirigir a Proceso de entre esos tres que eran los periodistas más antiguos y los que más habían estado con nosotros en la revista.

Ni Froylàn es fundador de Proceso, llegó mucho tiempo después cuando la mesa ya estaba servida; el se fue a trabajar al Canal 11 cuando nos echaron de Excélsior. Ni Carlos Marín tampoco fue fundador de Proceso; el único fundador de Proceso es Rafael Rodríguez Castañeda. Entonces se les dejo a ellos tres, pero prefiero no citar nombres acerca de este caso.

–¿Por qué no hacerlo?

 –uno de ellos dijo: esto es una lucha de poder, fue Froylàn. Dijo: esto no es un triunvirato, es una lucha por el poder. A partir de ahí comenzaron las luchas y las pugnas internas por el poder. Lo cual me pareció muy fuera de lugar, pero así fue.

–¿Quién dejo correr las versiones hasta cierto punto oficialistas de esa ruptura?

–Fueron Froylàn y Marín. Marín las corrió por un lado y Froylàn por otro.

–Según Rafael Ocampo en La Revista Mexicana de Comunicación, Carlos Marín dirigió acertadamente la agencia de noticias de proceso, APRO; porque las fricciones?

–Las fricciones no fueron por las ventas. Las fricciones nunca se hacen por eso. Las fricciones se hicieron por el manejo de autoridad, que es una cosa muy distinta. Marín no supo manejar la autoridad. Las fricciones fueron con personas no con las ventas. El hecho de que se haya vendido más o menos no fue la causa de la fricción. Era la lucha por el poder y el manejo de la autoridad, eso fue lo que causó la fricción.

 

La donación anónima y las acciones de proceso

Al retirarse Julio Scherer, Vicente Leñero y usted, Miguel Ángel Granados Chapa diò a conocer en Plaza Pública, que “al anónimo donante que contribuyo, él solo, con la tercera parte del capital con que se fundó la revista…se que deberíamos develar su identidad en señal de tardía gratitud, pero se de la firme decisión de ese generoso editor periodístico de Guadalajara que su nombre quedara reservado. Así lo dispuso no solo por la meritoria discreción sino para equilibrio de su conciencia: Al entregarnos su cuantiosa aportación, la mostró como una señal de protesta contra el golpe político asestado al diario Excélsior por el presidente Echeverría. Pero declaró su distancia y diferencia con el talante periodístico del grupo que preparaba el semanario Proceso (pues el desprendido contribuyente era en extremos conservador), y por eso reclamaba no aparecer en ningún sentido relacionado con él. Así sea”.

–¿Quién fue ese donante?, ¿quién era?, ¿quién es?

–No se quien fue. –Responde Maza algo sorprendido—De eso honestamente no estoy enterado, sí Miguel Ángel esta enterado de eso que lo diga porque él fue de los fundadores de Proceso. Sí ese dinero fue para la fundación de Proceso que lo diga él, porque el también fue Jefe de Redacción durante mucho tiempo. El estuvo en Proceso y el fue parte de la fundación de Proceso. Honestamente yo no se quien fue ese donador, yo no se quien dio dinero y quien no dio dinero. Ese es un asunto en el que honestamente no me quise meter –pronuncia con vehemencia.

–Dice Froylàn que él, Marín y Enrique Sánchez España, renunciaron a “cabalidad”, pero que hasta ese momento seguían siendo accionistas de proceso; ¿qué hay de cierto porque Sánchez España sigue apareciendo en el directorio de proceso?

–No renunciaron a cabalidad. Sánchez España no renunció a cabalidad. Dijo “yo también quisiera renunciar”, después de que renunciaron a “cabalidad” Froylàn y Marín. De Marín no se supo nada porque fue sumamente vago. Dijo: “voy a tomarme unas largas vacaciones, nunca más volveré a ver estas instalaciones”, eso fue lo que dijo y se fue –matiza, ironizando las palabras de Carlos Marín. Froylàn sì dijo específicamente “renuncio irrevocablemente a la revista y señor notario tome usted nota de lo que estoy diciendo”. Marín después dio un discurso vago, largo, que no termino de decir si renunciaba, al parecer renunció por todas las consecuencias posteriores.

“Por otro lado, las acciones de Proceso tuvimos que ponerlas a nuestros nombres por una razón jurídica: ese dinero no podía quedar solo. Entonces hicimos un trato, firmado; un trato de caballeros; en el cual poníamos las acciones a nuestro nombre por razones jurídicas, pero reconocíamos que no era dinero nuestro. Froylàn no puso un solo centavo en Proceso, ni Marín tampoco, ni yo tampoco; no pusimos un solo centavo en Proceso. El único que puso dinero fue Julio Scherer. No tenemos derecho a reclamar esas acciones porque no son nuestras.

“Si es porque trabajamos en Proceso, recibimos un salario por ese trabajo; pero no tenemos derecho a reclamar esas acciones. Esas acciones no son nuestras y así lo firmamos como caballeros, si ahora su firma de caballeros no la reconocen es problema de ellos. Porque esas acciones no son nuestras, por simples razones de seguridad y razones jurídicas las pusimos a nuestros nombres porque las acciones no pueden ser anónimas. Las pusimos asì para como caballeros decir que esas acciones pertenecían al Consejo de Administración de Proceso y si nosotros renunciábamos o nos aliamos de la revista, esas acciones automáticamente pasaban al Consejo de Administración de Proceso; y eso lo firmamos: endosamos todas las acciones y las de Froylàn y las de Marín están endosadas. Si no son caballeros y no se atienen a su palabra y a su firma, es problema de ellos porque las acciones no les pertenecen ni a mi ni a ellos”.

En Milenio número 83, se reproduce una carta de Vicente Leñero que leyó a todos los miembros de Redacción  ante el Consejo de Administración de Proceso. “Dado que ninguno de los miembros del grupo había aportado dinero propio a ese capital –o si lo había hecho fue con el espíritu de una donación–, ninguno debería sentirse dueño personal de las acciones. El capital pertenecía y sigue perteneciendo desde entonces, a todos los trabajadores en activo de la empresa, independientemente de su cargo. Ser poseedor mayoritario de acciones A y acciones B sólo ha significado –independientemente de lo que representan como valor monetario ante la ley— ejercer una tarea de custodia del capital que encarna nuestra causa. La causa es lo único que vale”.

“Así se entendió en un principio, y desde entonces los poseedores mayoritarios de acciones, casi todos miembros del Consejo de Administración de CISA y Editorial Esfuerzo –empresa derivada de la primera pero formalmente independiente–, se comprometieron a renunciar a los derechos económicos que normalmente poseían, cuando decidieran por cualesquiera razones renunciar a la empresa”.

“Varios poseedores mayoritarios de acciones fueron renunciando a lo largo del camino, y al irse no objetaron ser fieles al compromiso inicial: sin alegar derechos, transfirieron ‘sus’ acciones al Consejo, y el Consejo las asignó a nuevos miembros que se comprometían a mantener el espíritu y a actuar de igual manera en caso de una renuncia personal”.

En el mismo número 83 de Milenio, se publica una entrevista que José Cárdenas hizo a Carlos Marín el 29 de marzo en el informativo radiofónico “José Cárdenas Informa”.

–Pero eres socio de Proceso

— Esta sociedad es tan cierta como no cierta; tenemos un compromiso moral y escrito de que la empresa es de los trabajadores. Lo suscribimos los siete. Froylàn y yo somos tan empresarios como lo puede ser Rafael Rodríguez o don Julio, que preside la empresa –por cierto, el único de los siete que puso lana en la fundación de Proceso–, pero todos los demás somos y no somos, porque hicimos el pacto de que Proceso es una causa; pero lo que ocurrió el 23 de marzo fue una acción de Consejo de Administración real de una empresa”.

Enrique Maza sostiene que todo debe estar claro, “bien claro”: ni son accionistas ni ellos ni yo ni nadie, y mis acciones todavía están a mi nombre y yo soy miembro del Consejo de Administración, por eso todavía tengo acciones pero al momento de que renuncie esas acciones pasaran a otro porque no son mías. Yo si me atengo a mi firma y al trato de caballeros que hicimos todos nosotros. Que no vengan a reclamar, si son caballeros y sí se atienen a su firma y sí se atienen al convenio que hicieron. Si no tienen firma y no tienen palabra y quieren reclamar, que reclamen”.

En entrevista con Raymundo Rivapalacio en Milenio número 82, Froylàn López Narváez asegura que “debo decir que todavía soy socio accionario de la empresa, lo mismo que mis compañeros Carlos Marín y Enrique Sánchez España”.

 

La caída y la recuperación

–Se ha manejado que hubo problemas con la venta de la revista.

–Hubo problemas cuando estuvieron Froylàn y Marín, de APRO no se y lo que afirma Rafael Ocampo en La Revista Mexicana de Comunicación en relación a que subieron las ventas de la Agencia de Noticias, es asunto que no conozco, porque nunca me metí con APRO ni tengo nada que ver con APRO. La venta de la revista ciertamente bajo y bajo mucho mientras estuvieron Froylàn y Marín; pero poco a poco se ha ido recuperando y se ha recuperado publicidad. Proceso esta en equilibrio como estaba antes.

“Ciertamente fue cuando estuvieron Froylàn y Marín cuando la revista bajó de calidad, de ventas y de todo lo demás; esto es claro. Ahí están los datos y los hechos. Tuvimos muchas reuniones en las cuales Julio Scherer les dio los datos y los enfrentó con la realidad de lo que estaba pasando ahí. Los enfrento con toda la realidad a tal grado que Julio Scherer tuvo que dirimir y delimitar totalmente las funciones de cada quien para evitar los roces y los pleitos.

“Cuando hay una revista en la cual sale una portada que ordena Rafael Rodríguez Castañeda y otra portada que ordena Carlos Marín en internet, o sea una misma revista con dos portadas; si no es una fricción de autoridad, es una colisión de autoridad. Porque la autoridad la tenía Rafael Rodríguez Castañeda, porque él era el Jefe de Redacción en Proceso, era el que tenia la autoridad y Marín no tenía porque meterse en eso”.

         En el mismo numero 82 de Milenio, Jacinto R. Munguía relata, “A pesar de las constantes llamadas de Scherer a la conciliación por el bien de la revista, de que Leñero les dijera en una ocasión que ‘cada quien debería de mantenerse en su jaula’ y cumplir con sus funciones (ni Marín se tenía que meter con el diseño ni Castañeda con la información; la portada sería un acuerdo de los dos y de Froylàn), no se acabaron las disputas entre ambos.

         Varias fueron las ocasiones en que los enfrentamientos entre Marín y Castañeda se hicieron públicos y muchos cuentan cómo fueron subiendo de tono. En particular se recuerda el que ocurrió (la) noche del viernes 5 de marzo de 1999.

         Un día antes, la mañana del jueves, en reunión del Comité de Dirección se acordó, como cada semana, cual sería la portada del número 1166: las fotos, en recuadro, de Carlos Castillo Peraza y López Obrador compartirían el espacio.

         Alrededor de las 11 de la noche del viernes, Marín terminó de revisar los últimos textos y más tarde se retiró. Todo era cuestión ya de diseño. Sin embargo, cuando la portada estaba en pantalla, a Rodríguez Castañeda le pareció que lo mejo era desplegar la foto de López Obrador y así ordenó que lo hicieran.

         Cuando estuvo lista la nueva portada, pidió a su secretaria que buscara a Marín para informarle del cambio. No estaba en casa. Marín se enteraría del cambio hasta las tres de la mañana, y por teléfono le grito a Castañeda:

         –Exijo que se respete la portada que acordamos. No tienes ningún derecho a cambiarla! Y echaron atrás la portada de Castañeda. Pero olvidaron retirar la que ya estaba en la edición de Internet.

         El domingo 7 la portada impresa salió con las dos fotos: la de Peraza y la de López Obrador. Mientras que en la web de Proceso, aparecía, a toda plana, la imagen del dirigente del PRD.

         Durante más de 24 horas, Proceso tuvo dos portadas en una misma edición. Hasta el lunes se dieron cuenta del error y modificaron la página en internet. Ya habían pasado otros incidentes, pero éste marcaba el límite entre Marín y Castañeda.

         Froylàn en el citado Milenio número 82, enfatiza “Hubo asambleas manipuladas, socavamiento del trabajo de Marín y del gerente, porque desde tiempo atrás Scherer había querido que Rodríguez Castañeda fuera director. No se puede en una empresa de buena lid nombrar a un director en elecciones de corte priìsta o, recientemente, perredista, sin aceptación. Es un reginazo”.

“No fue un Reginazo”, ataja, apasionado, Enrique Maza. “La paciencia de Julio Scherer fue inmensa, muy grande. Tuvimos muchas reuniones y conversaciones y muchas juntas, donde se les hizo ver que no estaban respondiendo a lo que se les había dicho. No fue un Reginazo, no se les corrió; simplemente se dijo y se ha dicho desde antes, que un día se elegiría a un director. Todavía Julio Scherer tuvo la delicadeza y la nobleza de decir “vamos ha hacer una votación porque son los reporteros los que van a ser dirigidos; por lo tanto que ellos voten para que ellos decidan quien los va a dirigir”.

En Milenio se cuenta “Volvió el silencio y se ausento la poca calma. Continuó Scherer: los candidatos naturales a ese cargo, por su trabajo y trayectoria profesional, son Rafael Rodríguez Castañeda y Carlos Marín… y a quienes les toca decidir es a la gente de abajo, a los reporteros, los que hacen la revista, a través de una votación”.

Enrique Maza afirma “Froylàn no es periodista, nunca lo ha sido. Es pensador, es editorialista, por eso estaba en la sección editorial; porque él no es periodista, nunca lo fue”; los dos periodistas eran Rafael Rodríguez Castañeda y Carlos Marín, por lo cual se propuso que los reporteros que estaban presentes en la sala de abajo votaran por uno de los dos. “Carlos Marín tuvo miedo, no quiso la votación y dijo que no se sometía a eso”.

–¿Cómo queda la labora de Enrique Sánchez España, porque según Froylàn también él renunció a “Cabalidad” pero sigue apareciendo en el directorio de Proceso?

–Enrique Sánchez España no renunció a cabalidad; más aún: Carlos Marín ya se había ido de la junta, ya se había ido Froylàn, ya estábamos, incluso, de pie para despedirnos de la junta después de que se habían ido ellos dizque –ironiza—“para nunca más volver”; ya estábamos todos de pie, ya casi, despidiéndonos y un poco antes de que comenzáramos a despedirnos, fue cuando Sánchez España le dijo a Julio Scherer “a mi también me gustaría renunciar”. Julio Scherer le contestó “no don Enrique usted no puede renunciar, hay muchos enredos todavía en Proceso; falta mucho por arreglar en Proceso, quédese aquí y acabemos de arreglar todas las cosas” y Sánchez España aceptó. Pero lo único que dijo fue “también a mi me gustaría renunciar a Proceso”.

–Ustedes como precursores del moderno periodismo independiente en México, ¿ven esto como una forma en la que el propio Gobierno con el puntal que tienen en Milenio, trata de contrarrestarlos, de minarlos, de quitarles fuerza?

–No. Esto fue una simple crisis interna. No más. No, no, Milenio no no, no ha sido competencia para nosotros; que se dejen de tarugadas. Fue una simple crisis interna que no tiene nada que ver con el exterior. Fue una crisis, fue una lucha por el poder entre Rafael Rodríguez Castañeda y Carlos Marín.

–En la edición de Milenio varias veces citada, Froylàn describe a Rafael Rodríguez Castañeda como “una persona que conoce el oficio muy bien. No es un hombre brillante en nada. Pero como ha dicho, sobre todo en los últimos días, su sueño y ambición fundamentales eran llegar a ser director de Proceso. Pero para obtenerlo traicionó, mintió, calumnió”. Vicente Leñero en Los Periodistas describe a Regino Díaz Redondo casi igual; ¿qué diferencias o similitudes existen entre Regino y Rafael?

–No estoy de acuerdo. Regino Díaz Redondo se vendió al entonces presidente de la República Luis Echeverría para dar un”reginazo” en Excélsior. Ahí hubo gente armada, gente de Gobernación, hubo una serie de sombrerudos que estaban empistolados y que se encontraban en una Asamblea donde no debieron estar. Regino Díaz Redondo toma el poder en Excélsior por la fuerza: pistola en mano. En Proceso jamás se hizo eso, en Proceso Julio Scherer y el Consejo de Administración con su mayoría de votos, con todo el poder que tienen, nombran a un director. “Que Froylàn haya querido ser director y no le tocó, que Carlos Marín haya querido ser director y no le tocó; es problema de ellos. No daban el ancho para directores”. Lo pensamos y el único que daba el ancho era Rafael Rodríguez. El no diò un golpe, nosotros lo nombramos; el Consejo de Administración por mayoría de votos, por mayoría de acciones nombró a Rafael Rodríguez Castañeda. El Consejo con plenas facultades de acuerdo con los Estatutos del Consejo de Administración de Proceso y de acuerdo con las disposiciones legales hizo ese nombramiento.

“Que Froylàn y Carlos Marín hayan quedado heridos y ahora digan que fue un “Reginazo” es asunto de ellos, nosotros procedimos totalmente de acuerdo a la Ley. Todavía más, insisto, se propuso una votación para que no fuera una simple decisión nuestra. Marín no se atuvo a eso, ahora que no diga otra cosa”.

 

Los amigos y el deber periodístico

–José Pagés Llergo decía que prefería perder una noticia con tal de ganar un amigo; Julio Scherer prefiere perder un amigo antes que una noticias afirma Vicente Leñero en La Revista Mexicana de Comunicación; ahora ¿Julio Scherer prefirió perder amigo y noticias?

         –No. Era la revista, era Proceso, lo que estaba de por medio; no eran los amigos. Todavía Julio Scherer le suplico a Froylàn cuando presentó la renuncia, en ese momento le suplico que no renunciara y le dio un abrazo y le pidió “no te vayas Froy, no te vayas”, se lo dijo.

         –¿Y a Carlos Marín?

         –Igual. Pero aquí no estaban los amigos de por medio, estaba la Revista; punto primero. Segundo: Julio Scherer prefiere perder amigos que perder noticias, y a lo que se refiere es a la integridad de Julio Scherer que no va a dejar de decir la verdad periodística por una amistad. Esta primero su conciencia que la amistad y aquí no estaba de por medio la conciencia ni la noticia; estaba de por medio Proceso.

“Hay que entender lo que se dice en esa frase, porque la prueba de que hay que interpretar bien esa afirmación, es la gran cantidad de amigos que tiene Julio Scherer; si el prefiriera la noticia a un amigo y traicionar la amistad por una noticia, simplemente significaría que Julio Scherer no tendría amigos. Esa frase lo que significa es que Julio Scherer no va a ceder por una amistad o por un ruego de amistad a su obligación periodística de decir la verdad”.

 

La claudicación de Marín ante Regino

El lunes 16 de agosto Miguel Ángel Granados Chapa, escribió en Plaza Publica, “Carlos Marín tiene dos caras. Una adusta, de fiero reproche, contra don Julio Scherer. Otra compungida, sumisa, frente a Reino Díaz Redondo. Ambos fueron sus jefes, en Proceso aquél, éste en la Segunda Edición de Ultimas Noticias de Excélsior. Cada uno encarna modos extremos de encarar la vida y ejercer el periodismo. Y ante cada uno Marín reacciona de manera diferente: Bravero con quien, sabe no puede inferirle daño alguno. Dócil con quien es temible, porque es capaz de todo. Marín es ahora director general editorial adjunto del grupo Multimedios Estrellas de Oro, que publica diarios en Monterrey, Guadalajara, Torreón y Tampico, y el semanario Milenio, en que Marín escribe una columna”.

“Marín despotricó contra el antiguo director general de Excélsior (Julio Scherer) en los varios foros donde se le brindó la oportunidad de hacerlo…Y compara exagerando y sin fundamento alguno: ‘Rigurosamente hablando, lo único que faltó para que se repitiera el caso Excélsior fue que el gobierno estuviera detrás del consejo de administración. Pero el procedimiento fue absolutamente inmoral’. Y concluye, tras referir que Froylàn López Narváez, Enrique Sánchez España y el propio Marín cayeron ‘en una celada’, que ‘técnicamente si no es reginazo, mínimo fue un albazo’. Reginazo: de ese modo alude Marín al golpe asestado contra Scherer, en 1976, por quien hasta entonces era su fiel seguidor, Regino Díaz Redondo, encaramado desde entonces en el cargo del que, a mansalva, echó a su amigo con el patrocinio del presidente Echeverría. Hacia poco que Marín se había referido expresamente a alguien con aquel primer nombre. Lo hizo en uno de sus últimos trabajos en Proceso (el 24 de enero de 1999), al reproducir un informe de la policía suiza que a su vez contenía, entre otros elementos, la declaración de un narcotraficante colombiano. El testimonio del delincuente implica con el Cartel de Medellín a muchas personas claramente identificadas. Y termina con una alusión: “a un director lo controlábamos por su afición a la droga y porque su periódico necesita mucho efectivo. Regino se llamaba y a su ayudante Cantón. Quien sabe porque, Díaz Redondo se puso el saco y denunció a Marín el 9 de febrero siguiente ante el Ministerio Público Federal, por los delitos de difamación y calumnia. En vez de haber hecho (pues el interés periodístico elimina el dolo que es elemento sustantivo de esos delitos), y hasta contraatacando por naturaleza del periodismo que se practica en Excélsior, Marín se rindió pusilánime, tras haber recibido la visita del abogado Andrés Iglesias Baillet, que seguramente le propuso un arreglo consistente en que su cliente recibiera disculpas públicas. Y Marín se las da en una carta fechada el 5 de agosto. Luego de una ridícula e inútil teorización sobre verosimilitud y verdad, Marín explica muy amablemente a su ex jefe –director de la Extra de la que Marín fue reportero—que dedicó ‘especial atención a la obtención de las declaraciones de los testigos protegidos por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos’. Y admite que le tomaron el pelo…Marín se entregó así ‘En tal virtud, deploro la probable tergiversación del texto de referencia, ya que nadie debe ser señalado por lo que no es. Entiendo, por lo mismo, su indignación y subrayo que no tuve ni tengo interés alguno en agraviarlo. De esta carta puede usted o su representante legal hacer el uso que estime conveniente’. La claudicación de Marín ‘tiene dos únicas copias, dirigidas al Procurador General de la Republica C. Jorge Madrazo Cuellar y al sub procurador Everardo Moreno Cruz”.

 –Vicente Leñero señala en Los Periodistas que Carlos Marín era seguidor de Regino en Excélsior, pero al ver la forma de actuar de Díaz Redondo, Marín decidió apoyar a Julio Scherer, ¿qué opinión tiene de la carta que Marín le dirigió a Regino?

Enrique Maza abre los brazos, y por primera vez contesta tranquilo, con calma, casi como resignado: cada quien es dueño de su propia calidad humana y la maneja como quiere. Cada quien da el alto y el ancho que decide dar.

*Texto publicado en la revista Demócrata Norte de México en  noviembre de 1999, entonces bajo la dirección de Nancy Azpilcueta, hoy directora de Razones de Ser.

§ 2 respuestas a Ni Froylàn ni Marín con capacidad para dirigir a Proceso: Enrique Maza*

  • Diana Sánchez dice:

    Que mentiroso fuiste Granados Chapa. Así no pasaron las cosas, Rafael, Maza y tú manipularon y arreglaron la información. Rafael traicionó el acuerdo que tenían y logró ser director. No tienen calidad humana ni tú ni Rafael (director de proceso)

    • Marco dice:

      Diana Sanchez, como fueron las cosas y en que sustentarias tus dichos. No creo que Carlos Marin diga la verdad, se vendio al mejor postor (el gobierno).

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