La postura de los oligopolios informativos ante la elección presidencial del 2006

1 octubre, 2005 § Deja un comentario

Cecilio Campos Jiménez

 Los Privilegios de los Medios de Difusión y el Derecho de los Ciudadanos a estar Informados.

¿Para qué y a quién sirve la Libertad de Expresión? Los Medios de Difusión oligopólicos, especialmente los electrónicos, disponen de esa prerrogativa sin restricciones, casi a su antojo, pero no se comprometen con el Derecho de los ciudadanos a recibir información de calidad, imparcial y con equidad, como si esa libertad y su quehacer de comunicadores constituyeran un privilegio exclusivo, que está desligado de la responsabilidad de ejercerlo en beneficio de la sociedad y de nuestro desarrollo democrático.

Salvo muy contadas excepciones, en lo general se conducen de forma discrecional, buscando esencialmente la mayor ganancia económica. Como empresas que son es normal que persigan fines de ese tipo, lo que es inaceptable es que ante la falta mecanismos que les obligue a conducirse con una nueva cultura de apertura informativa, sigan recurriendo, lamentablemente, a la práctica de manipular, influyendo en los demás para su propio provecho, como se hacía en el viejo régimen de partido de Estado. La libertad de expresión y el acceso a la información tienen que ser derechos unidos de manera indisoluble y vigentes para todos los ciudadanos; en la medida que esto no se cumple se convierten en una desviación perversa, que perjudica y detiene a nuestra incipiente democracia.

Con el agotamiento del antiguo sistema político mexicano y la llegada de la alternancia al gobierno federal, los medios masivos se colocaron en una posición ventajosa, pues adquirían repentinamente una libertad casi sin límites que han sabido usufructuar muy hábilmente, sin contraer obligación de fondo alguna. A pesar de que no están en las mismas condiciones, digamos que en 1988, y de que el país ha experimentado cambios importantes, en muchos aspectos siguen actuando con los criterios del pasado, explotando en beneficio propio el mayor margen de acción y la gran autonomía que ahora tienen.

Mientras se debate para impulsar importantes reformas estructurales, indispensables para la modernización y el progreso del país, los oligopolios de la información critican el lento avance de las mismas, pero ellos mismos se resisten irreductiblemente a reformarse, para adecuarse a las actuales condiciones políticas, económicas y sociales.

Tal situación es muy preocupante por el rol protagónico que desempeñan las empresas de comunicación masiva en la transición a la democracia, y por la postura que se prevé asumirán durante la elección presidencial del 2006. En un escenario competido, parejo, la influencia de los medios puede ser definitiva para inclinar la balanza hacia un lado u otro, según les convenga, toda vez que las contiendas electorales se dirimen en considerable medida a través de éstos.

Debido al historial antes descrito, que no se ha distinguido por una tradición de apertura informativa, y el hecho de que los dueños de esas empresas se han interesado más en hacer negocios a costa de la democracia, el comportamiento que adoptarán es muy predecible, y se enfrentarán de nueva cuenta a una disyuntiva que en el pasado reciente ya se ha resuelto a favor de la discrecionalidad informativa y los acuerdos en lo oscuro, según delatan los monitoreos de difusión informativa, cuyos resultados arrojan una cobertura muy desigual y diferenciada dependiendo de quien esté en el poder y de los recursos que canalizan los partidos para comprar la atención de los medios: la buena voluntad no es gratuita.

Pueden convertirse en facilitadores de la transición democrática mediante un ejercicio informativo transparente y responsable, renunciando a ser juez y parte, que forme ciudadanos críticos en el marco de una sociedad participativa, en donde se tomen decisiones concientes basadas en una información oportuna y objetiva, alternativa en la que sin duda saldría fortalecida la libertad de expresión, el legítimo derecho a la información y la democracia, todos ganaríamos, incluso los medios.

La otra opción es que le sigan apostando al papel de mediatizador, para conservar su posición de privilegio por encima de la sociedad y sus instituciones, privando a los ciudadanos de la posibilidad de juzgar y decidir por ellos mismos, reafirmándose como poder fáctico, cuyos intereses se apartan de la democracia e incluso contravienen la propia libertad de expresión. Esto último parece lo más probable, como así lo anuncia el escándalo de la entrega de concesiones para centros de apuestas y casas de juego, que desde la Secretaría de Gobernación y por conducto de Santiago Creel, la principal carta del panismo para contender por la presidencia de la república, se otorgaron una semana después de que dejara dicha dependencia, a Apuestas Internacionales, S.A. de C.V; empresa creada apenas en abril del año en curso y propiedad de TELEVISA, bajo el esquema de trato preferencial para su (pre)campaña electoral a cambio de una prebenda que le redituará cuantiosas ganancias, sin rendirle cuentas a nadie.

Es por estos antecedentes negativos que es necesario establecer límites claros y saludables, para acotar la discrecionalidad de los oligopolios informativos y no depender completamente de su mera autorregulación, evitando así la reproducción de vicios y abusos, que causan desequilibrios e inequidad.

De lo anterior se desprenden varias cuestiones: ¿es ético que los medios tomen partido? Mientras se carezca de condiciones que garanticen imparcialidad de su parte no es recomendable que lo hagan, pero de cualquier forma lo van a hacer y es preferible que sea de manera abierta y no soterrada, normando para que se mantenga un equilibrio periodístico y publicitario, por lo menos mínimo.

¿Debería abolirse la publicidad política pagada y utilizar sólo el tiempo oficial para difundir las propuestas de los partidos? Aunque aparentemente es una solución que serviría para cortar de tajo muchas irregularidades, sería perjudicial para los medios ya que afectaría su viabilidad financiera, pues son empresas que dependen en gran medida de los recursos que les transfieren los partidos políticos, que son de sus principales clientes, y que en época electoral destinan hasta el 50% o más de su presupuesto a los medios para contratar transmisiones.

La democracia requiere de medios de difusión fuertes y estables, pero no a cualquier precio. En todo caso que sea el Instituto Federal Electoral quien realice los convenios de publicidad correspondientes directamente con los medios, y les transfiera los recursos económicos respectivos por concepto de pago, bajo un esquema de racionalidad y equidad.

En medio de todo este panorama, ¿qué puede esperar la Izquierda en México de los oligopolios de la información, en el umbral de alcanzar la presidencia de la república el año entrante? Luego de una prolongada lucha para alcanzar el poder político por la vía pacifica y electoral, que ha bregado contra la persecución del Estado, los prejuicios de sectores conservadores de la sociedad y la cerrazón de los medios, que le otorgan pocos espacios, en algunas ocasiones sólo para estigmatizarla, y que salió fortalecida después de la intentona de la derecha y los grupos duros del gobierno federal (Ese mismo gobierno que pudo alcanzar la alternancia gracias en gran medida a los sacrificios y esfuerzos de esa izquierda que le tocó abrir brecha para que otros alcanzaran la meta de terminar con el antiguo régimen) que pretendieron burlar a la democracia tratando de evitar que llegara a competir un perfil potencialmente ganador, no dudando en utilizar a las instituciones de “justicia” para excluir antes de la elección constitucional a Andrés Manuel López Obrador, el precandidato presidencial mejor posicionado, miembro del PRD y cabeza de un amplio frente social y político, que se ha encaramado de forma consistente en las preferencias del electorado desde hace buen tiempo, y que dicho sea de paso, ha declarado a los medios de comunicación que realizará una campaña de tierra, con lo que virtualmente los desafía, apercibiéndolos que no aceptará el juego perverso de siempre y que su relación con ellos será muy diferente y que cambiarán las reglas. ¿Habrá apertura para sus propuestas, un trato equitativo y neutral, o reaccionará en su contra temiendo una drástica reducción de sus privilegios con el inminente triunfo de AMLO?

¿Temen los medios a la democracia?, ¿les sienta mejor la libertad democrática pero con los matices del viejo sistema político?

No debemos hacernos muchas ilusiones, las empresas que controlan el mercado de la información seguramente le apostarán a mantener su estatus de privilegio, y a la obtención del máximo nivel de lucro, poniéndose al servicio de su propio interés y de quien mejor pague, que hoy puede ser uno y mañana otro, no importa. Esa clase de medios únicamente se compromete con ellos mismos.

No hay confusión: pueden vender toda la publicidad que puedan, pero no se vale servirse de la libertad de expresión ni de la democracia, les compran espacios de transmisión pero no su conciencia.

Lo deseable es que prevalezca un criterio de equidad y equilibrio informativo, en congruencia con la libertad que gozan y la responsabilidad que implica, ya que son el conducto ideal para dar a conocer los antecedentes y las propuestas de gobierno de los candidatos, de sus partidos y de quienes están detrás de ellos. Ojalá se revalorarán a sí mismos: que se convirtieran en agentes de la democracia y medios para la transformación del país, y no en otro grupo de poder que se sirve de los mexicanos.

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