Cuando las sonrisas lo pueden todo: bonanza desde los medios según la publicidad política actual

1 julio, 2005 § Deja un comentario

Daniel Maldonado

When you´re smiling
When you´re smiling
When you´re smiling

Sinatra

Hay un anuncio de Coca Cola en el que un sujeto lo arregla todo con su sonrisa: los conflictos se aminoran después de un choque, los viejos obtienen remanso, la dicha se reparte en general mientras este muchacho anda por las calles resolviendo y mejorándolo todo. El anuncio concluye con una frase optimista.

Pareciera que la reciente aparición de bardas y espectaculares con políticos mesiánicos, sonrientes, comprometidos con la comunidad, que trabajan y se preocupan por nosotros, que hacen valer nuestra firma, que ojalá, y otras tantas cacareadas, obedece a una estrategia mercadológica simple: sonreír contagia la dicha, hace olvidar los problemas y es un remanso de bondad. Pero la estrategia puede resultar contradictoria dada la naturaleza pervertida del ejercicio político en el país; pareciera, en un enfoque personal, que la sonrisa se expande en su significado e inmediatamente llega un muy conocido y oculto te vamos a chingar. La sonrisa se torna cínica.

Los pre pre precandidatos, el cambio, y dónde quedo la propiedad del milenio

 ¿De dónde aparecieron, o mejor dónde andaban? ¿Vieja, ya llegue de donde andaba, te juro que hora si voy a chambear? Como animales de temporada, los precandidatos salieron antes previendo la sequía en el voto. Todos son bellos y sonrientes, hablan de firmas, de trabajo, bienestar, lo de siempre; sólo que ahora todos eligieron lo alto, la percepción y el tamaño que hacen al anuncio ineludible –hay que recordar el efecto del púlpito en la iglesia, la figura del juez o a Moisés bajando del Sinaí– uno busca un remanso de cielo y zas, un precandidato.

En el carro va uno manejando ves el rojo, la gasolinera y pum, te sorprende un sonriente personaje que encima, y de esto nos enteramos hasta ver el espectacular, trabaja por ti en el gobierno y además lo hace siempre con ese gesto, y está contigo de pilón, cómo no te voy a querer; azul, azul sigue gritando el subconsciente aunque el chelito y el Kikin hayan valido pa´ pura madre, dice la porra en el subconsciente –y pepe lupe siga, iluso, organizando su marcha hacia el de efe para protestar contra el Conejo y su pandilla de ineptos, por la humillación que el América le hizo al Cruz Azul– .

Entras por la curva que va del aeropuerto a la ciudad y a las dos cuadras el cambio se ve, te dicen con una sonrisa mayatona mientras la patrulla vigila a los niños que apasionados, soñando ser el nuevo delantero del Santos juegan al fútbol. Claro que no se aclara que antes la patrulla pasó por su moche con el conecte o que realizó lo conocido, ayudó a salir del paso, quesque porque al poli no le alcanza, por la cuota y otras leyendas de extorsión, yo que sé, la sonrisa todo lo anula. Seguridad para tu familia, más suministro de agua, y otras faramallas igual se publicitan en distintos puntos de la ciudad. Contaminación visual de la realidad.

 El año pasado, en pleno proceso de cambio una señora a la que le recarpetearon el asfalto de su calle presumía cómo el progreso le había beneficiado el semblante mientras un anuncio, nuevamente en lo alto del cartel, ponía ebria la sonrisa con la palabra Corona surgiendo de un expendio, ¿publicidad subliminal? En este año el cambio se ve: los bulevares resultaron excelentes vías para ahorrar tiempo, pero se siguen inundando cuando llueve y su pavimento, como el de la mayoría de las calles, deja al deseo manco –y el SIMAS dice que hace, hasta se anuncia aquí en Kiosco.

El argumento: falta de presupuesto y curiosamente la ciudad está sitiada por parquímetros en los que para continuar se deposita una moneda, aunque no se aclara que se continúa con los bonos criminales, de marcha, de llegada, de navidad y demás, autorizados por los afables precandidatos, sí, esos mismos que vimos sobre los semáforos fingiendo tener el rostro del Altísimo. ¿Qué no se suponía que no había presupuesto? Ah, es para que sigan sonriendo.

Una canción sacada de un espectacular: Visita casa Purcell, a la casa, a la casa, a la casa de Purcell, en Saltillo… Moreira, te in-vi-ta (feliz siempre feliz).

El DVR, distribuidor Vial Revolución, cuna de variopintos accidentes, éste sí es un ping pong gubernamental porque es asunto Federal, aunque los autos caigan en suelo Torreonense. Quique y Memo siguen, raqueta en mano aventándose la bolita de la responsabilidad, sonriendo entre los comerciales de los noticiarios.

Y ya nadie se acuerda de aquel chofer trailero que en un accidente que sucedió en el DVR, murieron su compañero y él, el chofer en estado inconsciente fue llevado al bote, a la cárcel, ¿por el delito de homicidio? ¿Y qué hacen los medios?, ¿han informado sobre la situación de ese camionero? Pero el buen Quique y Memo siguen y siguen. Con su sonrisa. Como si con eso mejoraran todo.

¿En verdad será de Coahuila este milenio?

 La frase denota cierta megalomanía, ya no se busca un sexenio, ahora quedémonos un buen tiempo. A pesar de estar instituido el informe de gobierno, los medios laguneros diariamente nos dan un avance del diario acontecer Coahuilense, sus progresos y avances.

En prensa y en televisor se patenta el trabajo de la administración estatal, como si fuera meritorio que las instituciones realicen su deber, aunque quizás es de lo que nos quieren convencer, el reinado del estado tuerto en el país ciego de la inacción. Cuánto se gastará en estos anuncios dado el costo de los espacios, qué importa, sigamos sonriendo. Que al cabo le cuesta al ciudadano, al habitante que va a votar, para que siga siendo habitante.

Todas estas expresiones publicitarias denotan un empobrecimiento del ejercicio propagandístico, la carencia de propuestas verdaderas y el empecinamiento en un modo de acción que en lugar de contribuir en revalorar a la decaída clase política y a sus actores, presentándolos como verdaderos servidores públicos y demostrando el ejercicio de su labor, los reduce a concursantes de belleza o a la calidad de mero producto de temporada, aunque jamás le llegarán a nuestro precioso melón o a nuestra prodigiosa sandía, pues antes de las precampañas poco o nada escuchó el ciudadano común sobre estos personajes.

En los casos de publicidad y autoproclama de los avances, cuyos lemas son “superamos nuestras metas” y “este milenio Sí es de Coahuila”, denotan la pobreza de las metas trazadas y un empecinamiento en mostrar una realidad maquillada, ajena a lo que las calles, lo que las emparienta con los anuncios de progreso en las calles gringas o cualquier otra publicidad que evidencia la necesidad de convencer que todo va bien, porque así lo dicen los anuncios en lo alto, ¿y la realidad? Bueno la realidad sólo existe en la propaganda. En la que todos están sonriendo. Menos el pueblo que con la esperanza hará que resurja en Fénix en el ave de la ciudadanía que depositará sus votos en contra de las sonrisas felices.

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