Los egresados en Ciencias de la Comunicación, sin alternativas de empleo

1 abril, 2005 § Deja un comentario

Jorge Villalobos

A pesar de la situación en que se encuentra actualmente nuestro país, debido a una serie de condiciones económicas y sociales específicas, es posible que a través de eficientes y honestos comunicadores, se abra el camino con la ayuda de la educación y el conocimiento, para reivindicar así esta profesión tan manipulada y menospreciada.

En el ámbito de los medios informativos, existe un levado número de profesionales sin empleo. La mayoria ha egresado de instituciones educativas de nivel superior, las cuales jamás les dijeron a sus alumnos que en el mercado de trabajo (integrado básicamente por periódicos y revistas, agencias de publicidad, estaciones de radio y televisión) la demanda es raquítica en relación con la oferta.

En México existen en promedio más de 250 escuelas de comunicación y periodismo, de las que anualmente egresan entre cuatro y cinco mil jóvenes, los cuales no tienen prácticamente dónde colocarse; esto, aparte de la escasa y concentrada inversión que hacen las empresas para generar mas espacios en los medios informativos.

Otro fenómeno que opera en contra es el de la modernización y el avance de las técnicas y tecnologías de comunicación, que están reduciendo el campo de trabajo y por consecuencia las oportunidades.

Pero ante todos los problemas que no aquejan, sabemos que la educación cobra vital importancia para la solución de estos; de ahí desprendo la opinión de que en buena parte, las universidades y escuelas tienen el deber y la responsabilidad de restringir, por ejemplo, la matrícula, con base en criterios selectivos, encaminados a escoger a aquellos que reúnan el perfil vocacional y de conocimientos adecuados para ser aspirantes a comunicador, evitando asi la entrada a un elevado número de estudiantes que quieren licenciarse en esta carrera, puesto que no hay trabajo, provocando entre los jóvenes los signos de la frustración; además, los pocos que llegan a situarse en algún empleo, reciben sueldos muy por debajo de sus necesidades económicas indispensables.

Refiriendo estadísticas de varias instituciones interesadas en los temas de comunicación, encontramos el dato de que existen unos 25 mil reporteros en todo el país, de los cuales el 90 por ciento aproximadamente reciben entre tres y cinco mil pesos mensuales; el diez por ciento restante se lo reparten los que ganan de cinco a diez mil pesos, y los muy calificados (o recomendados), que representan una ínfima proporción, pueden tener de 15 a 20 mil pesos de ingreso mensual, pero obviamente, estos son casos contados. Otro de los fenómenos que se observan en la cuestión académica, aun cuando no hay cifras precisas, es que se estima que el nivel profesional, licenciatura, o crédito académico similar (titulo) lo obtiene un reducido número de estudiantes en lo general.

Ante este panorama, ¿Cuáles podrán ser las alternativas para el presente y el futuro de los comunicadores? ¿En qué medida los empresarios, concesionarios y dueños de los medios masivos de comunicación, tendrán intuición, habilidad o inteligencia para participar activamente en la renovación de las prácticas académicas y en la solución de los grandes problemas de los comunicadores en particular, y de la sociedad mexicana en lo general?. ¿Hasta qué punto el gobierno federal ha descuidado la armonía necesaria que debiera existir entre el derecho a la educación y al trabajo, en relación con el derecho a la información?. Porque hay que tomar en cuenta que el Estado, los comunicadores y los medios informativos pueden y deben contribuir al examen y, de manera muy práctica, a la solución de carencias enormes en el campo de la cultura y la educación, ya que toda la sociedad comienza a buscar en los medios de una forma de participar en los asuntos del país, incluso podríamos esperar que toda la gama de canales informativos contribuyeran a restituir y fortalecer algo de lo que, con más persistencia, voluntariamente o no, los mismos medios de comunicación han erosionado: la identidad nacional.

Así, las tribulaciones de los mexicanos que piensan cotidianamente cómo allegarse el mínimo sustento, la breve ración de los alimentos, la desesperanza por no ver cumplidas sus aspiraciones de vida, se van convirtiendo en legión, esperando que algún día, nuestros propios hijos nos revelen la senda correcta de la equidad y la justicia, en un mundo que hoy parece no tener ni pies ni cabeza.

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