Un callejero trasnochado

1 febrero, 2005 § Deja un comentario

De los políticos mexicanos, Madrazo el más deshonesto: Pedro Valtierra

Lilia Ovalle

 Verlo, inevitablemente me recuerda una fotografía que dio la vuelta al mundo: la mujer indígena que ante un cerco de soldados que amenazan a la comunidad, se lanza con expresión fiera y a mano limpia sobre uno de ellos.

Pedro Valtierra, nacido en San Luis de Ábrego, municipio de Fresnillo, Zacatecas, recibió el premio Rey de España en 1988 por esa instantánea memorable que se imprime hasta hoy día en camisetas y posters.

Vino a Torreón hace varios meses, donde señaló que “los buenos fotógrafos de México no están en el DF, están distribuidos en todo el territorio nacional”. Y de ello dan testimonio las fotografías que registran nuestra cultura, costumbres, vida cotidiana y a la política mexicana, que suman una colección vasta dentro del archivo Casasola que, asegura, “es el más importante de México y del mundo. Cuenta con 6 mil negativos de los cuales no hay una edición especial que recoja lo más significativo. Si el archivo fuera propiedad de los franceses o gringos, ya hubieran cacareado en el mundo las fotografías. Pero en México existe un grave problema: las publicaciones son muy pocas y no hay interés en proyectar el trabajo del fotógrafo”.

Por limitaciones económicas los fotógrafos hemos aprendido a maximizar los recursos consiguiendo con poco material, espléndidas tomas. En resumen, la limitación se convierte bien pronto en una paradoja pues hacer fotos con un presupuesto limitado ayuda mucho: “aprendes y a la primera te tiene que salir bien”.

Al final de la conferencia impartida en el Archivo Histórico de Torreón pide un tequila. Habla con fotógrafos y con su público. Le dice a un niño que los fotógrafos deben ser siempre y en todo momento unos intrusos; “el fotoperiodista debe ser callejero y callejera. Debe conocer las calles y personajes, aprender a anticipar movimientos del rostro y del cuerpo de quien vamos a retratar y tener un gran número de contactos para poder contar con que a la hora que se desarrollan los hechos, estaremos ahí”.

Los que nos quedamos con él cuando la medianoche merodeaba, sabemos que quiere visitar algunos bares de la ciudad. Algunos se quedan y otros nos retiramos con la promesa de entrevistarlo después.

Valtierra es como un gato que deambula por la noche y que a la mañana siguiente cae desde una barda, aterrizando de pie. Llega retrasado, con las cicatrices que dejan las noches de parranda: ojos enrojecidos, labios carnisecos y una sonrisa de niño travieso al que le atormenta el sueño y el hambre. Le gusta el color azul y sabe que le sienta bien a su piel morena. Por la noche usaba camisa a cuadros pequeñitos. De día, una azul cielo. Llega contento y con el ánimo de no tomarse en serio la entrevista.

–¿Empezamos?

–Antes, dame un café.

–Yo no sirvo cafés. (Pero intento levantarme para conseguirle uno).

No te vayas, dame del tuyo. Vamos a tomar del mismo vaso. Ahora consígueme un cigarro. Abro mi mochila y le doy una cajetilla. Toma uno para él y me da otro. Los enciende.

–¿Cómo y cuándo toma a la fotografía como su oficio?

–Llegué a la fotografía en 1974, hace 29 años. Llegué por casualidad.

–¿Cómo fue esa casualidad?

–Llegué a presidencia e hice fotos… no, más bien boleaba.

–¿De verdad? Asiente y sonríe mientras señala que era bolero.

–Un día me invitaron a trabajar a Los Pinos como bolero y boleaba a la gente del Estado Mayor Presidencial, así llegué; después alguien me dijo: “Oye, vente a tomar fotos”; me fui metiendo y así fue como llegué al oficio.

–Luego viene la oportunidad de ser corresponsal en Nicaragua y empieza a tomar notoriedad su trabajo.

–Sí, empecé a tener un poco de notoriedad por ese trabajo en Nicaragua. Era muy interesante, yo tenía 23 años, precisamente estos días acabo de cumplir la mitad de mi vida de haber estado en Nicaragua. Me fue muy bien, era un fotógrafo joven y creía en la lucha de la democracia de Nicaragua, como mucha gente creyó en esos años y me comprometí como fotógrafo profesional de prensa. Hice fotos allá y trabajé dos o tres meses y no sé si me haya ido muy bien, creo que finalmente las fotos que tomé no puedo juzgarlas y decir si me fue bien o no, la mejor opinión es de la gente, que es la que tiene el poder de hacerlo.

–¿Lo mismo le sucedió en Chiapas? Por ahí leí una opinión donde afirmaba que Chiapas era suya mucho antes que de Marcos. ¿Sigue pensando así?

Aparece una sonrisa franca, piensa un poco y dice: tú leíste una entrevista en una revista de foto, sí. No, eso fue un poco en broma, de que Chiapas era mía antes que de Marcos; lo dije en broma por una razón: yo trabajé Chiapas muchos años, fui fotógrafo de Chiapas, hice muchos reportajes ahí y registramos para Unomásuno lo que pasaba.

Cuando llega Marcos dije: Oye, yo conozco más Chiapas que Marcos, Chiapas es más mía que de él. Por eso cabecearon con eso. No, yo creo que Chiapas tiene muchos problemas, muchos conflictos sociales, es un estado difícil, distante, con muchos problemas y entonces creo que Chiapas no es mío ni de Marcos, Chiapas requiere mucha atención”.

–Por la foto de la mujer indígena que se lanza sobre un soldado gana un premio importante. Tiene un arsenal de ellos. ¿Qué significan los premios para usted?

–Los premios tienes que aceptarlos, recibirlos y sobre todo cobrarlos; que te den el dinero y luego, como si no existieran. Los premios son solamente eso, y no debes dejar que te impresionen.

Yo he recibido muchos premios pero imagina si te dejas impresionar por uno solo, pierdes y yo creo que el premio es un estímulo al trabajo: debes recibir el dinero, cobrarlo, gastarlo y luego a ver qué sale después. Si te quedas en la idea de que eres premiado te boicoteas porque estás en la idea soberbia de que eres el mejor”.

–De los actores de la política nacional, ¿a quién retrataría?

–Cuauhtémoc Cárdenas.

–¿Por qué?

–Porque es el personaje más honesto de este país.

–¿Y el más deshonesto?

–Yo.

–¿Por qué?

–Porque no soy político.

Al decir esto su rostro cambia, suelta una carcajada como cuando se sabe que se comete una imprudencia y dice: “Estamos vacilando, eh. No, de los personajes políticos, el más deshonesto para mí, Madrazo. Su deshonestidad es un problema que le perjudica a todos los mexicanos, cierto, pero el que sea deshonesto es un problema personal”.

–Sobre Cuartoscuro en su año diez, ¿le parece que ha cambiado la trayectoria del fotoperiodismo en México?

–Sí, lleva un rumbo interesante que estamos viendo en el camino pero habrá que esperar para observar qué sucede. Tenemos cinco mil ejemplares en circulación, dos mil suscriptores y nos hemos mantenido de forma independiente gracias a que los anunciantes confían en nuestro trabajo.

Si la fotografía es una unidad dentro del texto, ¿considera necesario que los que escribimos produzcamos imágenes?

–No, porque no saben tomar fotos.

–Pero podríamos aprender.

–Bueno, los fotógrafos también podrían hacer textos, ¿no?

Conozco fotógrafos que escriben muy bien.

–¿Y sustituirían a los reporteros?, y creo que lo harían mejor. Punto y aparte.

Comienza a reír y acomoda su espalda; se sienta derechito para recibir la siguiente pregunta.

–¿Qué piensa de la fotografía en México en este momento?

–Pues en este momento pienso lo que he pensado en los últimos 30 años, creo que la fotografía de prensa en México está subvalorada, poco apreciada por los propietarios y los directores de los medios y creo que los últimos deben hacer una reflexión sería y profunda del valor que tiene la imagen en este país.

–¿Qué pasa con el fenómeno de la digitalización? ¿Suplirá en algún momento la cámara digital?
Nada, no pasa nada.

–¿Seguimos igual?

–No, no seguimos igual, lo digital es una herramienta.

–¿No suplirá a la fotografía análoga?

–Para nada, es como si yo le pregunto a usted si usa Maquintosch o PC ¿qué es mejor usar? ¿Va a hacer una mejor entrevista?

–Eso depende de mi capacidad, no del instrumento.

–Ah, ah, ahh ¿Entonces qué me preguntó?

Le pregunté por herramientas de trabajo, no por la capacidad de quienes las manejan.

–¿Puede publicar eso?

Sí.

–Entonces pregúnteme de nuevo, ¿qué me pregunto?

Si puede suplir la foto digital a la análoga.

–¿Suple la máquina Maquintosch a su idea? No se deje impresionar por la rapidez de la Maquintosch, que es mejor que la PC y que creo que la MAC puede hacer una gran idea mejor de su entrevista y creo que usted debe escribir en Maquintosch porque me parece que reflejaría una gran entrevista. La PC haría una entrevista muy mala, las “comas” están muy feas y los puntos y aparte, son muy feos. Creo que usted, como reportera nueva y revolucionaria debería escribir en Maquintosch y dejarle el espacio a los fotógrafos que estamos haciendo buenas cosas y la gente cree en nosotros, no que los reporteros, que casi todos se van al Estado a trabajar y a cobrar en el gobierno. Punto.

–Pero también hay fotógrafos que le cobran al Estado y cobran caro.

–Pero eso usted pregúnteselo a ellos, usted habla con un fotógrafo independiente; punto y coma. A ver, ¿en qué me entrevista?

Utilizo una grabadora.

–¿Y esas no hacen buenas entrevistas?

–Si me hubiera pedido desde el principio que no la use, entonces me hubiera aventado la entrevista a plumita y papel.

–No, le pregunto, ¿usted cree que la Mac es mejor que la PC?

–Es mejor quien procesa la información.

–No, si me acaba de preguntar si es mejor hacer foto digital que…

–No. Yo he estado preguntándole, por el contexto en el que estamos viviendo, si llegaría en algún momento dado a suplir una herramienta a otra herramienta, no a quien toma la foto.

–No, yo le pregunto en ese contexto, si usted hará una mejor entrevista en PC o en Mac. ¿Quién le dará la mejor idea?

–Las ideas son mías.

–¿Cómo?

–Puedo transcribir la entrevista en cualquier tipo de computadora; el sentido de la entrevista deriva del proceso de la información y éste lo realiza el reportero, es nuestro.

–Usted, me da la respuesta a lo que me preguntó, ponga lo que dijo. Los reporteros deberían plantearse ahora, qué escriben y en qué computadora.

Al apagar la grabadora se pone serio, su rostro se vuelve reflexivo y pregunta: Oiga, ¿no podemos repetir la entrevista? Creo que se me pasó la mano.

–No, no podemos. Como decimos por acá: “Lo caido, caido”.

Como en Chiapas con Marcos, desde antes de la entrevista La Comarca ya era suya.

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