Censura, denuesto y odios rechazados en la DMC de Torreón

1 diciembre, 2004 § Deja un comentario

Por Daniel Maldonado.

 I.- Censura.

La censura en la literatura y la crítica al poder se vinculan como dos reflejos de una misma realidad aglutinada. La transformación de los hechos, esa tajada a la historia en la que se desarrollan las narraciones y la escritura siempre ha servido como un reencuentro con lo posible transformado desde la base de la realidad, el espejo escrito en el que hallamos lo que el olvido podría dejar enmudecido: sucesos históricos cuyo golpe de sorpresa nos endeuda el por qué, realidades parias y desnutridas, vicios y enervamientos de la naturaleza interna, promesas olvidadas de politiporquerías en campaña, eventos oscurecidos para ignorancia del pueblo, liderazgos religiosos parasitarios, tratos y maltratos a la sociedad y otras pestilencias que nadan como morenas bajo el agua y que son pescadas para su exposición hedionda dentro de la nariz de conciencias bonachonas acostumbradas a corrupciones menos crueles.

Es dable pensar que una censura justifica la fiereza y atrae la atención hacia el objeto censurado. El censor ve en la obra al objeto de una expresión trasgresora por veraz, porque incomoda el estado de gracia en el que supone deben permanecer las cosas, o choca contra los intereses preestablecidos por los prejuicios, o porque lo censurado roe la cuerda de un peligro iluminado a punto de aplastarle la mollera que reprueba.

El trabajo principal de la censura es el rechazo, la mutilación, la adecuación a la máscara, pero una máscara de apariencia grata, que pueda pasar por escenarios y ser aplaudida, que enseñoree los egos y tras ser ovacionada se pueda decir, todo es como debe ser, como yo censor, digo que debe ser. Orwelliano el teatro; apariencia y beneplácito del poder. Castración de prometeos.

Cualquier censura es un rechazo, un sometimiento que debe justificarse con argumentos siempre apreciables al favor del censor. La defensa resulta bien interpretada cuando se expone y se muestra con bases, cuando se da un dictamen maduro, pero aun falseado. Don de apariencia. O puede suscitarse lo contrario, la justificación no se disfraza y se es inquisidor y verdugo con golpe silencioso, y que ruede del peligro la cabeza.

II.- ¿Hay denuesto en una elegía del odio?

Elegía del odio, libro de cuentos de José Lupe González fue rechazado para su publicación por la Dirección Municipal de Cultura de Torreón cuando iba a mitad del proceso. Lo interesante no resulta tanto el rechazo, sino la justificación para ello. Los cuentos que conforman Elegía del odio están situados en El Vergel, municipio de Gómez Palacio, Durango, de donde es originario el autor y tratan problemáticas harto conocidas y encharcadas ahora en la indiferencia: las promesas volátiles eternizadas campaña tras campaña contra la realidad del apoyo social del partido del pueblo, el cobro puntual e infalible de la cuenta de agua en un sector en el que el grifo hierve cínico su resequedad de años, los apoyos incondicionales a los “pequeños propietarios” y la carencia de estímulos al campesinado y el aumento de su endeudamiento, el cacicazgo, los conflictos religiosos e incluso un relato basado en un episodio real y frecuente, en el que se bloquea una carretera para hablar con el candidato oficial, a quien molesta esta interrupción. El bloqueo fue para exponerle al entonces candidato del partido oficial a la Presidencia del país, un problema del poblado, hecho que el autor toma para incorporarlo a uno de los cuentos.

Menciono que lo interesante en este dictamen negativo no es tanto el fondo, sino la forma en que se rechaza, su justificación. El documento, en primer lugar, resulta parco en su escritura y fácil de transcribir:

24 de junio de 2004

SR. ALBERTO GONZÁLEZ DOMENE.

Director Municipal de Cultura.

Presente.

Estimado Alberto:

Hemos leído la obra “LA ELEGIA DEL ODIO” (sic) de la autoría del Sr. José Guadalupe González, y tomando en cuenta los lineamientos para la aprobación de obras –el no denostar a personas que aún viven y a NINGÚN partido político– nos vemos en la situación de no poder aprobar la citada obra para su edición.

Le sugerimos al Sr. González que con todo gusto podemos aprobar las obras que no salgan de los citados lineamientos.

Atentamente.

Firma de Luis Azpe Pico.

El denuesto del que habla el documento, si es que se le puede llamar denuesto a citar un nombre y una situación común en política, puede ubicarse en el cuento El Candidato, en el que se hace mención de Ernesto Boheringer Lugo durante su campaña a la Presidencia Municipal de Gómez Palacio, y en el que sólo se menciona que el partido de los “cardenistas” les da ayuda real al pueblo, mientras ese candidato visita El Vergel para perpetuar las promesas en la resolución del problema del agua: el partido de los “cardenistas” (alusión, no mención, al Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional, antecedente del PRD) lleva pipas de agua, mientras el candidato oficial acarrea promesas y nada más.

Es notable observar que en este dictamen no se menciona ninguna cualidad o defecto estilístico, de forma y fondo del libro rechazado, como solían darse los dictámenes de la colección MM, quizás esta escasez al enjuiciar esté influida por el hecho de que no se le paga a quien realiza esta función, y su pobreza formal (del dictamen, no del libro, aunque deficiencias, mínimas y corregibles, sí las tienen los cuentos) se adecua a los paupérrimos criterios de la DMC en cuanto a edición: una baja apuesta por cualquier opción literaria; desconozco si por temor al choque con el criterio de los autores, la publicación de libros de investigación sospechosamente liados a instituciones religiosas en las que el presupuesto volvió a existir, verbigracia del misterio, cuando el mismo González don Meme lo presumía agotado pero que parió una edición de lujo, extensa, gruesa y plena de fotografías; mal llamados volúmenes (un volumen forma parte de una serie temática y no de la numeración de una colección) de poesía y prosa rosa y complaciente, apegada a costumbres pudibundas, salvo sus conflictivas y dementes excepciones; historias del rock pueriles y alguno que otro ejemplar que se salva, pero que no formula un reflejo del panorama literario de la Laguna ni emula la calidad de la colección MM de la pasada administración, en la que los libros se editaban con mayor calidad y se regalaban al publico, lo que obliga a interrogar por enésima ocasión sobre el destino de los fondos de venta de la colección Centenario.

Con el rechazo a la publicación de Elegía del Odio el director municipal de cultura Alberto González, don Meme, da muestra una vez más de su ignorancia y falta de criterio para dirigir la DMC rechazando las propuestas que pueden contribuir a una verdadera expresión literaria. Si bien es conocido que se sostiene en el puesto por su posición jurásica y de líder moral del PAN, por su trayectoria y nexos en política, y que el Alcalde Guillermo Anaya Llamas justifica su permanencia con el argumento de que “no ha disminuido la asistencia a los museos y centros culturales” (Revista Razones de Ser num.3 ), como si se juzgara la actuación de un funcionario por la tasa de asistencia a los centros de cultura, que es fija o predecible, en lugar de centrarse en las protestas y manifestaciones de los protagonistas del arte local. También es importante preguntarnos si en verdad a mitad del trayecto, Torreón en la cultura, avanza; o si ha dado un retroceso no sólo en su manifestación literaria, sino en la presentación de eventos, exposiciones, la ausencia de festivales étnicos, el cobro en los lugares anteriormente gratuitos, y como se mostró desde un principio de la administración, la falta de un proyecto cultural de peso en el que lo importante no sean la autocomplacencia entre alcalde y director, el escaño del poder, la permanencia, sangrar la nomina y continuar al siguiente peldaño por los siglos de la codicia santa del poder, amén; sino el compromiso verdadero en pro de la cultura y sus manifestaciones más enriquecidas, cuestiones que en este entrecejo del camino se les ha visto mendigar vestidas de apatía e ignoradas. Que un dios, el que prefieran, los agarre confesados. Pobre cultura lagunera. Torreón en cultura como en otras áreas, sí vive un cambio, uno bastante desgraciado.

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